Habitar el instante entre dos tiempos
Habitar el instante entre dos tiempos Sobre la presencia, la escisión y lo que no puede ser recompuesto El tiempo es medida del cambio. Sin cambio, el tiempo calla. Cuando nada muda, el tiempo se hiela. Las estaciones fluyen y el reloj marca las horas, pero el cambio profundo —el resolverse en un nuevo estado del ser— no llega. Subjetivamente, permanecemos suspendidos en el mismo instante que habitábamos semanas, a veces meses o años atrás. No es parálisis. No es estancamiento. Es la condición secreta del lugar intermedio: el instante entre dos tiempos, entre lo que terminó y lo que aún no cobra forma. Hay un descubrimiento que aguarda a quien remonta una colina corriendo. Si mantienes la mirada fija en la meta —la cresta, el plano donde el esfuerzo hallará fin— las piernas se hacen plomo. El cuerpo se rebela. No porque la subida sea más áspera, sino porque la atención se ha contraído. Ya no estás pre...